Por fin sábado. Hoy es la gran noche.
El equipo local tiene a la ciudad en vilo. Llevamos más de una semana respirando excitación por todos los rincones de la ciudad, pero hoy alcanza su cuota máxima. Aunque me alegro de que la final se juegue en Wembley. No por nada, sino por los posibles problemas de tráfico.
Desde el día en que nos dedicamos a pasear, Enrique tiene por costumbre pasar a visitarme cada noche, cuando cierra el restaurante. Él llega cenado, y yo ceno siempre sola, de modo que nos limitamos a tomar una copa, a charlar y a hacer pequeños planes. Los dos nos acostamos pronto para volver a madrugar la mañana siguiente, por lo que no solemos pasar juntos más de una hora. Es una manera práctica de estar al día, en una relación, de cuidarla, de mostrarse. Y algo ideal para alguien que, como yo, gusta de tenerlo todo controlado.
Cuando él se va, yo apago las luces y subo a mi habitación. Pero no puedo dormir hasta que no dejo ultimados los planes inmediatos.
Esta semana ha sido especialmente importante en cuanto a planes. He organizado una jauría. De pequeña me impactó presenciar una auténtica jauría de caza, con una docena de perros. No os diré qué atraparon. Tuvieron que pasar algunos años hasta que me reconcilié con mi conciencia, con mis recuerdos, con mis pesadillas. Ahora lo recuerdo como algo pasado, lejano. Con lo que puedo vivir. Pero sin duda, es algo que me ha marcado. Y esa palabra me resulta terrible. Jauría.
Ahora alguien tiene que pagar por ello. Siempre hay una persona, donde menos se espera, vociferando para llamar la atención. Y para eso estamos yo y otros como yo.
En realidad, no me dedico a la caza tradicional con perros y armas de fuego. Pero lo que hago no deja de ser una jauría. Mi modo de emplearme, el rastreo, la partida, el armamento, los que salen conmigo. Cualquier detalle evoca una y otra vez en mi cabeza aquella escena depravada. Y no sé de qué me sorprendo. Sé que soy igual de depravada. Es instintivo.
Enrique llegará esta noche sobre las 23.00. Tengo cosas que hacer durante toda la tarde, así que su visita, como todas las demás, será mi premio del día por los deberes bien hechos. Para vivir con entusiasmo, para no perder nunca ese entusiasmo, es imprescindible estar entretenida. Buscar ideas nuevas a las que dedicarse. Y esa, básicamente, es la ley que rige mi vida. Cada cierto tiempo, olisqueo nuevas posibilidades. Esta temporada está siendo crucial. Soy una auténtica estudiante, con mucho tiempo libre y un futuro prometedor. Pero eso puede resultar monótono. Razón por la cual procuro ir más allá.
Llevo varios días observando a un chico de otra clase… Es un auténtico cabrón. Bueno, el término me resulta ofensivo, puesto que en realidad me recuerda mucho a mí. Pero es lo que hay. Creo que he dado con mi contrapunto masculino. Me mira con unos deseos en su semblante similares a los que afloran cuando estoy a solas conmigo misma.
Siempre he sido consciente de que en este mundo tarde o temprano se encuentra a alguien que ejerce de contrapunto. Por mucho que se viaje. O a lo mejor precisamente por lo mucho que se viaja. En fin… Tengo mucho que aprender de él. Lo sé cada vez que le miro. Lo pienso cada vez que rehúyo su mirada. Por ahora él no se ha detenido en mí. Estoy pasando desapercibida. Pero esa es siempre la primera fase. Tarde o temprano dejaré de resultarle insípida, por mucho que me esfuerce en serlo, y se fijará en mí. Entonces tendré que sopesar bien mis opciones.
Pero no ahora. Esta noche tengo un asunto pendiente.
Esta noche yo voy a ser el contrapunto del señor Grant. Tengo algo importante que enseñarle. Y nos vamos a divertir. Unos más que otros, sí, pero seguro que le gusta. Sé que ha estado intentando averiguar, desde sus posibilidades, quién es Miss Shield. Ha cambiado las contraseñas de sus ordenadores, la cerradura de casa, y ha tomado unas medidas de seguridad con las que intentará lavar su conciencia. Aunque en realidad no le van a servir de gran cosa. Esta noche tiene una reunión. Una especie de cita en un hotel de las afueras. Por lo que ha podido averiguar de su cliente potencial, está interesado en una propiedad al sur del país. Una residencia bastante exclusiva. Sin duda, un negocio redondo. El señor Grant tiene unas buenas expectativas para esta noche. Va a hacer uso de sus mejores recursos porque se juega mucho.
Igual que yo.
A las 19:00 conecto el ordenador y comienzo el seguimiento de la operación. Mi contacto ya ha llegado al hotel. Se ha instalado y me ha mandado los primeros datos. Ha establecido una primera toma de contacto con el director.
Preparo la cena. Algo sencillo, porque no quiero perder mucho tiempo. Voy a estar pendiente de dos pantallas, y no quiero perderme nada.
19:30. Los veo. Están en la cafetería.
19:45. Empieza el partido.
20:10. Abandonan la cafetería. El cliente potencial invita al señor Grant a su habitación para profundizar en el negocio. Gol de Pedro.
20: 20. Gol de Rooney. Empieza el juego. Aparece la secretaria del cliente, dispuesta a desplegar la artillería pesada ante la incrédula mirada del señor Grant.
Vamos a por el lobo. Mis perros están hambrientos. El hambre es peligrosa cuando se está furioso. Y si la furia se desarrolla en clave sexual, el asedio de la jauría entiende de dominación. Me gustan los uniformes que han escogido mis perros para su trabajo. Están sublimes. Y sus armas son preciosas. Me gusta que cuiden hasta el más mínimo detalle. Por eso acudo a ellos siempre que los necesito.
20:50. Gol de Messi. Dicen de él que es el puto amo. Me tomo la licencia de aplicar la expresión en otro contexto. Oh, baby. Yeah, baby. Mientras sigo el espectáculo, me aseguro de que todo sigue en orden. La ciudad está expectante, hay un gran revuelo que nos permite aprovechar los momentos de euforia y llevarlos a nuestro terreno. Y cubrir la coartada.
21:10. Gol de Villa. El espectáculo es realmente bueno. Merece las molestias que nos estamos tomando. Y también todo el dinero que mi equipo quisiera pedir. Por suerte, no soy yo la que paga.
21:30. Final del partido. Final del juego. Tengo material de primera.
Como Nicholas Cage en... ¡Asesinato en 8 mm!
ResponderEliminarPero tal vez falte algo de definición en este particular prologo. Me pierdo con tantos "elementos emergentes".
¿Tú crees? Ya conoces mi estilo, Andrés. Me gusta insinuar sin explicar las cosas del todo...
ResponderEliminarLavin, Lavinia! Qué peaso de partido! Quedará en la memoria de todos los aficionados al buen fútbol, porque hizo historia. Pobre Ferguson...
ResponderEliminarMe alegro de que lo recuerdes. Para mí también fue un tanto especial. Aunque más me alegro de que hayas encontrado un tema en común conmigo, futbolero. A ver si inauguras pronto tu blog...
ResponderEliminar